Como todos saben, el 9 de julio se conmemora otro aniversario de la independencia argentina, declarada en la famosa Casa de Tucumán. Es interesante saber que varias calles de Buenos Aires llevan los nombres de los congresales de aquel día, héroes sin duda, que se animaron a firmar y plasmar en los papeles la separación del Reino de España.
Esas calles son Serrano, Thames, Uriarte, Oro, Pacheco de Melo, Boedo, Sánchez de Loria, Castro Barros, Sánchez de Bustamante, Medrano, Cabrera, Gascón, Gorriti, Darragueira, Salguero, Aráoz, Bulnes y Malabia. Y el más importante de todos, el presidente del Congreso de Tucumán: Laprida.
Jorge Luis Borges era descendiente de Francisco Narciso de Laprida y le dedicó su Poema Conjetural, en el que evoca la muerte del prócer a manos de los federales. Lo escribió en 1943 y dice así:
El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829 por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:
Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí… Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.
Si quieren escuchar el poema de boca del mismo Borges, pueden hacerlo aquí:
Poema en audio: Poema conjetural de Jorge Luis Borges por Jorge Luis Borges
Recomendamos leer la nota del historiador Daniel Balmaceda en su blog de La Nación, sobre la casa donde se desarrollaron las sesiones en las que se declaró la independencia.